viernes, 21 de mayo de 2010

Evidencia



Por: Tonatiuh Castro Silva

Aún con los ojos abiertos no veía; el atrapamiento del sueño era tan reciente que tardó un rato en distinguir los contornos de los muebles del cuarto apenas iluminados por una brizna de luz que por estar un poco abierta permitía la cortina de la ventana.

Todavía en la cama, levantó un poco la cabeza, por simple instinto, y no notó grandes diferencias a lo de siempre: El mismo buró, la misma lámpara, su biberón vacío a un lado. Por esto no se sorprendió ni se asustó, sino porque se dio cuenta que la puerta estaba cerrada, como en otras ocasiones, y recordó que no había alguien en casa, que ni llorando con todas sus fuerzas vendría alguien a darle sus brazos o su pecho, que era una soledad en la oscuridad y en el hambre, sin acostumbrarse.

Si venía algún monstruo bastaba con tirarle con la sonaja y el horror se disipaba, si se le aparecía cierto personaje de alguna caricatura, le gritaba maldiciones y desaparecía. Era más poderoso que cualquier extraño con intensión de dañarlo, con su edad y desde su cama era superior y tenía el fuerte más seguro para combatir a quien fuera. De esto no se daban cuenta sus padres, sólo ocurría cuando el enemigo a vencer era la angustia en la boca y en el estómago que le succionaba los sentidos.

Sólo él sabía cómo pasar tanto tiempo en aquella isla artificial. Peleaba con intrusos, inventaba formas en las penumbras, veía cómo cambiaba de color la franja de luz exterior, y desesperado, llevaba sus manos entre las piernas y luego se retacaba la boca al mismo tiempo que se manchaba la ropa.

Luego se escuchaban ruidos dentro de la casa, cuerpos golpeados y vidrios estrellados, y entonces sabía que sus padres ya estaban ahí, que en cualquier momento rompería esa situación con sólo abrir la puerta y acercarse con su aliento alcohólico. Era cuando descubrían la sucia evidencia en su ropa y por lo que le pegaban y lo bañaban con agua fría.

Tras levantar la cabeza y mirar la puerta unos segundos, se resignó a su claustro, a la nueva jornada de oscuridad.



Cuento publicado en la revista De cronopios y famas, núm. 2, enero de 1990, Hermosillo.
Foto: "Lolita" de Barbara Huipe Robles